lunes, 26 de marzo de 2007

La negación de Pedro, Jesús y Nosotros


En el evangelio de Juan, entre el v. 36 del Cap. 13 y los primeros versículos del Cap. 14, se relata parte de una de las últimas conversaciones entre Jesús y sus discípulos. En ella se pone de manifiesto, de un lado, la misericordia y el poder de Dios; y del otro, la incapacidad y debilidad humana.

La incapacidad humana

“Mi vida daré por ti” – dice Pedro lleno de entusiasmo (Jn 13: 38), del mismo modo en que muchas veces hacemos votos de compromiso y fidelidad. Nos imaginamos que la vida cristiana se trata de pequeños momentos emocionales; o imaginamos que depende de las cosas que podamos ofrecer hacer. El evangelio de Mateo (Mt. 26: 31-35) aclara que no solamente Pedro ofreció seguir a Jesús hasta la muerte, en verdad todos los discípulos lo hicieron.

- “No cantará el gallo sin que me hayas negado tres veces” – le responde Jesús (Jn 13: 38), mostrando la fragilidad de nuestros compromisos. En cuestión de horas todos los discípulos y Pedro particularmente, traicionaría el compromiso que voluntariamente habían hecho.

Esta es una de las grandes verdades del evangelio: el hombre solo es incapaz, absolutamente, de ser fiel.

Estos discípulos habían tenido una experiencia muy intensa, no solamente habían visto actuar a Jesús a lo largo de esos tres años, sino que además habían visto como él, el maestro que hacía que los elementos le obedecieran, se había colocado en la posición de humilde esclavo para lavarles los pies. La respuesta que tuvieron fue sincera y emocional, estaban impactados por el corazón y la actitud de Cristo. Y sin embargo fracasaron a la hora de la prueba. Todos huyeron y Pedro le negó, incluso, con juramentos y palabrotas.

Lo asombroso del relato es que seguidamente a la predicción del fracaso, Jesús anuncia el destino esperanzador del discípulo: “En la casa de mi padre hay muchas moradas, voy a prepararos lugar” Se podría pensar que después de la negación, diera un anuncio de juicio y castigo. En lugar de eso les da palabras de esperanza. El mensaje resulta claro: la vida cristiana no depende de los esfuerzos humanos, sino de Dios. Él es el que actúa, el que opera en el creyente, el que a su debido tiempo perfecciona la fe y nos prepara para la prueba. Ya llegaría la oportunidad en que los discípulos se presentarían ante el Sanedrín, y que el mismo Pedro, que ahora le negara, demostrara el valor de un hombre lleno del Espíritu de Dios.

La ignorancia humana

- “Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino?” (Jn 14: 5) – Pregunta seguidamente Tomás. El segundo gran obstáculo para la salvación del hombre es su ignorancia. Cuando se decide buscar a Dios lo hace en los lugares más inadecuados. Hay quienes desean encontrarlo en su interior; en el trabajo; en ritos sacramentales; en culto de imágenes, o en la asistencia a servicios religiosos.

¿Cómo llegar a Dios? ¿Cómo saber que el rumbo que he tomado es el correcto? ¿Cómo estar seguro de no perderme?
Jesús responde: “Yo soy el camino, yo soy la verdad, yo soy la vida” (Jn 14: 6) No se trata de seguir un rito o poner velas o rezar una oración siguiendo líneas. Se trata de tener una relación con Cristo [1]. Si tengo una relación con Él, entonces Él es el Camino, por lo tanto mi guía. Él es la verdad, por lo tanto mi maestro; Él es la vida, por lo tanto mi salvador.


La falta de comunión

La participación de Felipe (Jn 14: 8) en la conversación nos lleva a la raíz del asunto. El problema del hombre es que ha perdido la comunión con Dios. No es capaz de reconocer sus acciones ni sus actos de misericordia. Los fariseos habían sido testigos de hechos poderosos y no eran capaces de distinguir a Dios obrando. Y los mismos discípulos, habiendo participado del ministerio de Cristo, aun no eran capaces de ver al Padre a través de Cristo.

Lo mismo ocurre con los hombres de hoy; demasiado ocupados con asuntos de negocios o de placer no tienen tiempo ni deseo de escuchar o ver a Dios. Han oído hablar de Jesús, o participan de alguna clase de actividad religiosa, pero todo ello no es otra cosa que un compromiso social o un acto para limpiar la conciencia, para sentir un poco de autojusticia. Si la religión no me lleva a la comunión verdadera, entonces no tiene ningún valor.

La Biblia dice que Cristo es quien tiene la respuesta para este inconveniente. “El que me ha visto a mí ha visto al Padre” (Jn 14: 8)
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¿Qué es lo que impide a la gente encontrar a Dios, o buscarle?

Hay quienes no quieren entregarse a Cristo porque piensan que fallarán. Pues Cristo también los sabe, y aun así el te busca. Porque a su debido tiempo, si te sometes de todo corazón el te dará la victoria.

Hay quienes no quieren seguir al Señor porque no saben dónde ir. No necesitas saberlo, lo único que se necesita es estar en comunión con Él


Finalmente, están los que hasta ahora no han sido capaces de percibir la presencia de Dios en su vida. Solamente se trata de hacer un compromiso con Él, y Él te mostrará las maravillas de Dios.


Roberto Pável
Jáuregui Zavaleta
Ministerio Juvenil Iglesia Bautista Horeb
Trujillo – Perú

[1] Sobre este punto es bastante ilustrativo Henrry Blackaby en “Mi Experiencia Con Dios"

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